¿Por dónde se empieza?
Lo primero es tener claro qué quieres transmitir: no es lo mismo un portfolio pensado para conseguir clientes de marca (si eres creador de contenido) que uno pensado para que una productora te contrate como editor. El error más habitual es intentar meterlo todo sin un hilo conductor claro.
Después necesitas seleccionar tus mejores 5-8 trabajos (nunca todos), una breve presentación sobre ti, y una forma fácil de que te contacten. Con eso ya tienes el 80% del contenido resuelto.
Herramientas para construirlo
Aquí es donde la mayoría se atasca. Hay tres caminos habituales:
- Hacerlo tú mismo con código — control total, pero necesitas saber programar y te llevará semanas.
- Usar un editor genérico (Wix, Canva, Squarespace) — rápido de empezar, pero las plantillas no están pensadas específicamente para mostrar vídeo o trabajo audiovisual, y acabas peleándote con el diseño.
- Usar un servicio especializado como Folioo — rellenas un formulario con tus datos y trabajos, y en 72 horas tienes un portfolio profesional ya construido y listo para enviar.
Qué diferencia un portfolio que convierte de uno que no
Un portfolio profesional no es solo "bonito": tiene que cargar rápido, verse bien en el móvil (la mayoría de clientes lo van a abrir desde ahí), y sobre todo, tiene que dejar claro en los primeros 3 segundos a qué te dedicas y por qué deberían contratarte a ti.